Cuatro de octubre de 1971
Ese lunes fue distinto. No fuimos a la escuela, ni mi papá fue a trabajar. La
casa estaba llena de cajas. Era una apacible mañana soleada en Acapulco con su
clima húmedo y caluroso. Mi mamá nos hizo ponernos a las tres hermanas los
vestidos verdes que recién nos había confeccionado, así como calcetas y zapatos.
A mis dos hermanos varones también los arreglaron para salir, con shorts,
camisas, calcetines y zapatos. Eso significaba que era una ocasión especial pues
como niños acapulqueños siempre andábamos descalzos. Mi papá nos pidió subir al
auto, y así, iniciamos el paseo. Primero fuimos a la plaza que estaba enfrente
de la iglesia de la Soledad, donde muchas veces nos llevaron a los columpios.
Luego, continuamos por la costera Miguel Alemán. Pasamos frente a la oficina de
Aeronaves de México con su escudo del caballero águila en color naranja, que mi
hermano decía era mi papá. Ahí, trabajó mi padre hasta el viernes anterior, pues había sido trasladado por la compañía a la ciudad de Hermosillo, Sonora. Llegamos al malecón, papá estacionó su Ford Victoria 55 para tomarnos unas fotos. Todos
estábamos contentos. Mi papá nos pidió que nos sentáramos de mayor a menor en
una pequeña barda, y mi mamá se sentó junto a mí con mi
hermano pequeño. Posamos para la cámara. La brisa del mar nos pegaba en la cara.
El sonido del océano y de algún barco a lo lejos que se acercaba, no nos avisó,
ni siquiera nos previno lo que ese día significaba en nuestras vidas: mi papá
nos llevó a este paseo para que nos despidiéramos del puerto, pues éste era el
último día que viviríamos en Acapulco.

Muy bonita historia. Plasma muy bien lo que es la fotografía, que a simple vista pareciese una más. ¡Me encantó! Me deja con más preguntas que respuestas.
ResponderEliminar¡Hola Johan!, gracias por tu comentario. Un gusto saber de ti.
EliminarAyyy deja un momento de tristeza, ya se iban y ustedes tan chiquitos, con toda la vida por vivir. Qué recuerdos, tocayita. Y se fueron a Hermosillo, donde ya preparatorianas, nos conocimos. Jajaja ¿la Costera se llama Miguel Alemán? Mira dónde me vine a enterar. Un abrazo.
ResponderEliminarHola Anna, gracias por leer mi crónica. Sí así fue ese día. Ya tenemos más lugares en común amiga.
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