viernes, 13 de febrero de 2026

Memoria de un reencuentro

En mis inicios en el internet abrí una cuenta de Facebook, y los nombres tiempos y edades de los recuerdos se agolparon en mi mente.  Me aficioné a escribir en el espacio de búsqueda, aquellos que me llevarían a reencontrar mi pasado en Hermosillo. Siempre repetía el de mi amiga Amparo, pero las imágenes y los textos no concordaban con la persona que buscaba, hasta que un día, un perfil en Facebook que mostraba unas begonias lilas, me indicó, sin que yo supiera porqué, que la había encontrado.  Le envié un mensaje y a los pocos días recibí el:  “¡Hola Georgis! ¿Qué onda?”. 

Tiempo después, por un afortunado viaje de Amparo a la ciudad de México, nos encontramos en una plaza comercial. Y como si el tiempo no hubiera pasado, platicamos de las últimas noticias de estos treinta años sin vernos. Tal vez éramos las mismas preparatorianas comiendo pizza en la Fábula o saboreando un chemisse en el Patio. En aquella época del "Año del gato", del "Hotel California", o de "Chiquitita", siempre estuve cierta del valor de la amistad de Amparo.

Me alegró saber que nuestras vidas distantes y paralelas pero llenas de coincidencias se seguirán encontrando, tal vez para pasear en las noches de verano por el bulevar buscando un helado sin derretir por todo Hermosillo, o para contarnos de nuestros hijos, y de los nietos cuando lleguen, y entender con un gesto, una mirada, que somos eso, tan simple y difícil de encontrar y mantener: amigas.